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Discurso del Presidente del CC del PCFR G.A. Ziuganov en el 19 Encuentro internacional de partidos comunistas y obreros

¡Estimados camaradas! ¡Queridos compatriotas y huéspedes de nuestro país!

El Centenario de la Gran Revolución Socialista de Octubre que nos ha reunido aquí se celebra en estos días en todo el mundo. Son pocos los logros y las proezas conocidos por la Historia que se comparen por su significación y magnitud con la Revolución de Octubre de 1917.

Hoy, en cada región de la Tierra hay quienes reflexionan sobre la significación del Gran Octubre, cuyos corazones laten con especial fuerza al escuchar las palabras Lenin, partido de los bolcheviques y Poder Soviético.

Hace 100 años los trabajadores de nuestro país izaron la Bandera Roja sobre Rusia. Fueron los transcendentales “10 días que conmovieron al mundo”. A todos los rincones del planeta llegaron las consignas cortas y comprensibles por cada persona sencilla: “¡Paz a los pueblos!”, “¡Pan a los hambrientos!”, “¡Tierra a los campesinos!”, “¡Fábricas a los obreros!”, “¡Poder a los Sóviets!”. Esas palabras fueron escuchadas en primer lugar por quienes con su inteligencia y talento producen los principales valores en la Tierra. Las escucharon también los pueblos oprimidos de las colonias de las cuales el capital exprimía los últimos jugos y los soldados que se pudrían en las trincheras de la Primera Guerra mundial.

Los faros del crucero “Aurora” no solamente alumbraron el Palacio de Invierno sino también liquidaron las tinieblas de la esclavitud capitalista. Millones de personas obtuvieron la esperanza. Todas ellas pudieron repetir las palabras de Vladímir Mayakovski sobre la revolución: ¡“Bendita seas, ¡bienaventurada!”.

Pero en Rusia no solamente se produjo una gran revolución social. Aquí nació por primera vez un Estado que materializó el sueño secular de la Humanidad: la justicia, la igualdad y la fraternidad. Un sueño cuya realización parecía ser inalcanzable hasta el momento cuando Lenin y sus correligionarios levantaran al pueblo a la insurrección contra la opresión multisecular y la humillación.

Por ello, la Revolución de Octubre no solamente fue un paso hacia los cambios políticos y sociales inusitados. Transmitió la luz de grandes transformaciones morales, que cambiaron el mundo e influyeron sobre la concepción del mundo de las personas en diferentes confines del Planeta.

Es esto lo que nos recuerdan las palabras del líder de la lucha de liberación nacional, el primer ministro de India Jawaharlal Nehru: “La revolución soviética impulsó un avance importantísimo de la sociedad humana y prendió una llama brillante que es imposible apagar. Sentó los fundamentos de una nueva civilización hacia la cual puede avanzar el mundo”.

Como señaló el Secretario general del CC del Partido Comunista de China Xi Jinping: “Hace un siglo los cañonazos de la Revolución de Octubre trajeron a China el marxismo-leninismo. Las mentes más avanzadas de China en la teoría científica del marxismo-leninismo encontraron la vía de resolver los problemas del país. Así, el pueblo chino encontró el apoyo en la búsqueda de la independencia nacional, la libertad, prosperidad y felicidad”.

En las épocas anteriores incluso las transformaciones políticas más audaces no pudieron separar del poder a los grandes propietarios y su servidumbre. Cambiaban a los gobernantes y los clanes en el poder, derrumbaban las monarquías, se rehacían las fronteras, se modificaban las constituciones. Pero el poder quedaba invariablemente en manos de la minoría que explotaba a la mayoría absoluta. Quedaba en manos de quienes explotaban el trabajo de millones de personas, en manos de quienes elevaban la desigualdad al rango de una ley. Solamente gracias a la Revolución de Octubre los trabajadores, la mano de obra sin derechos, se convirtieron en creadores de un mundo nuevo, de una nueva historia.

Hasta aquel momento la Humanidad vivía oprimida por la explotación y la injusticia indignante. La mayoría nacía y moría bajo la opresión sin alguna posibilidad de liberarse del yugo. Este destino se heredaba de generación a generación. Cualesquiera que fuesen los escudos en las banderas nacionales de los Estados, cualesquiera que fuesen las consignas en ellas, el sello de la injusticia se elevaba sobre todo el mundo y la Humanidad vivía bajo el poder de las leyes brutales y amorales. Únicamente los comunistas, al tomar el poder en octubre de 1917 en Rusia lograron romper el círculo vicioso de la historia universal. Ahora el pueblo dejó de ser rehén de los intereses de la cúpula gobernante y se convirtió en el amo de su Estado y su creador principal.

El talentoso poeta ruso Aleksandr Blok escribió: “Hay una cosa que convierte al hombre en hombre: el conocimiento sobre la injusticia social”. Hoy, nosotros, al rendir homenaje a las grandes obras de la Revolución de Octubre podemos afirmar de una manera segura: solamente la aspiración de erradicar la injusticia social y la capacidad de llevarla a la práctica atribuyen al poder el carácter auténticamente popular y progresista.

Son mentirosas e irrisorias las intrigas infructuosas de quienes intentan “abolir” la significación del Gran Octubre. Rusia gestó en sufrimientos su revolución. Llegó al socialismo andando por el camino largo y duro de sueños y aspiraciones. Fue en realidad un gran avance. A la Primera Guerra mundial respondimos con el “Decreto sobre la paz”. A la intervención extranjera, con los destacamentos de la Guardia Roja. Al hambre y la ruina, con el “Decreto sobre la tierra”, la Nueva Política Económica y el Plan GOELRO. A la inflación desenfrenada, con la moneda de oro soviética. Cuando la invasión fascista, el País de los Soviets respondió con la proeza de la Fortaleza de Brest, el heroísmo y la valentía de Leningrado y Stalingrado, con los Diez golpes estalinianos y la bandera roja sobre el Reichstag. La victoria en 1945 se forjó en Octubre de 1917.

Pablo Neruda escribía que Lenin plasmó el gran sueño de la Humanidad, poniéndolo en la práctica en el país soviético. La Revolución de Octubre dio inicio a una nueva época, una nueva era. Sus ideales principales es el trabajo y la solidaridad, la igualdad, la fraternidad y el colectivismo. El curso de los acontecimientos adquirió una dirección cualitativamente nueva. En el mapamundi apareció un país donde el trabajador tomó en sus manos las riendas del poder. Los resultados impresionaron a todo el planeta. El “milagro soviético” es la modernización leninista-estalinista que durante 20 años aumentó el potencial del país en 70 veces. Son miles de las mejores fábricas y empresas. La liquidación del analfabetismo y la ciencia avanzada, la conquista del cosmos y un poderoso escudo defensivo. Son las garantías únicas en el campo de la salud, educación y la protección social. La formación del hombre nuevo, hombre-creador, que adelantó el tiempo. Es la atención a los niños, mujeres y ancianos que fue una sagrada obligación del Estado.

El ejemplo del País de los Sóviets sirvió también para mostrar que solamente el socialismo es capaz de abrir en plena medida el talento creador del pueblo. Sí, en Rusia también antes de la revolución hubo no pocos destacados científicos, escritores, pintores y compositores. Pero casi todos ellos procedían de la clase de la nobleza. Una persona talentosa, no perteneciente a la clase privilegiada, que nació en una familia humilde no tenía casi ninguna oportunidad de descubrir su talento y compartir con la sociedad sus frutos.

Una verdadera libertad creadora dio a un sinnúmero de excelentes autores de Rusia y demás repúblicas soviéticas la oportunidad de presentar el siglo XX en las grandiosas obras literarias, musicales, teatrales y cinematográficas. Mijail Shólojov, Alexei Tolstoi, Leonid Leónov, Konstantín Fedin, Alexandr Fadéev son algunos de los nombres grandes que se destacaron en los primeros decenios postrevolucionarios. Les siguieron Alexandr Tvardovski, Konstantín Símonov, Yuri Bóndarev, Valentín Rasputin, Vasili Belov, Fiodr Abrámov. No menos impresionante fue también la pléyade de los destacados directores de cine soviéticos: Serguei Eisenshtein, Serguei Bondarchuk, Gigori Chujrai, Gueorgui Danelia, Marlen Jutsiev, Vladímir Menshov. Estos nombres los conocía y continúa recordando todo el mundo. Pero para la mayoría de ellos su carrera artística feliz sería imposible sin las transformaciones sociales y culturales que implementó la Gran Revolución de Octubre.

El genial científico Albert Einstein decía quetales creadores como Lenin están renovando la consciencia de la Humanidad. Su ensayo “Por qué socialismo” escrito en 1949 sirvió de la base que usó el Premio Nobel Zhorés Alfiórov para su magistral conferencia sobre el futuro de la nueva generación que impartió en la Duma de Rusia.

Indudablemente, tenía razón el excelente escritor Alexei Tolstoi cuando dijo que el socialismo era “la expresión del genio humano en condiciones de la libertad social superior”. Así también el escritor alemán HeinrichMann dijo: “Para la Unión Soviética el socialismo es el camino a la total liberación, mucho mayor que solamente la liberación económica. La igualdad mediante, hacia la libertad”.

La libertad que el socialismo dio a cada persona y la refrendó en la Carta Magna, la libertad de no ser pobre y explotado. La libertad de no sentir angustia de que mañana puedes perder trabajo, que no podrás pagar el alquiler, la comida, la ropa y medicamentos vitalmente necesarios, de pagar la educación de los hijos y hacer que no sufran el hambre. De no tener recursos para ayudar a los padres ancianos. La libertad de sentirse como persona libre, no la mercancía viva en el mercado de trabajo. La libertad que se ha hecho patrimonio de todos, independientemente de su origen social, nacionalidad y profesión. Patrimonio de los obreros, campesinos, científicos, artistas. Solamente esta libertad puede ser reconocida como auténtica. Su ausencia quita razón de ser a cualquier otra libertad.

El ejercicio del poder popular a través de los Sóviets, el paso de los bienes sociales al pueblo, el establecimiento de la propiedad social, desempeñaron el papel protagónico en el desarrollo del país y la formación del hombre soviético. También en los años de la Gran Guerra Patria ello fue una garantía de la consolidación del pueblo frente a la amenaza colosal que se cernió sobre la Unión Soviética y todo el Planeta. Esa terrible guerra la podía ganar el pueblo que tenía la causa común, la idea común, la fe común, la cultura y la propiedad comunes. Sin la victoria de la Revolución de Octubre de 1917 sería imposible la Gran Victoria sobre el fascismo en 1945. Y Zhúkov, Rokossovski, Kónev, Vasilevski no podrían llegar a ser destacados jefes militares.

Esta Victoria demostró de una manera definitiva al mundo la fidelidad de nuestro pueblo a los legados leninistas, a los ideales del socialismo. Demuestra el acierto de nuestra causa también hoy. Tras la Victoria, se formó el sistema socialista mundial cuya base la integraron los países de la Comunidad socialista unidos en torno a la URSS. El socialismo ganó a sus filas a muchos nuevos partidarios en todos los continentes. Sus ideas inspiraron la lucha por la libertad y la independencia de las destacadas figuras políticas de la modernidad: Mahatma Gandhi, Ernesto Che Guevara, Fidel Castro, Gamal Abdel Nasser, Nelson Mandela, Hugo Chávez y muchos otros luchadores por la felicidad del pueblo. Al ocupar el 26% del territorio de la Tierra, ya en 1985 producía casi la mitad de artículos industriales. La historia confirmó la justeza de las palabras del escritor comunista francés Jean-Richard Bloch de que considera la revolución rusa y sus conquistas como uno de los elementos de civilización humana.

El capital global estuvo dispuesto a cualquier cosa para conservar su dominio. Para que en el mundo imperen de nuevo y exclusivamente las leyes capitalistas. Lanzó a todas sus fuerzas para el socavar sistema socialista. Y al final del siglo XX, la campaña contra el sistema socialista dio frutos monstruosos. A ello contribuyó el hecho de que en los años 1980 en la Unión Soviética llegaron al poder renegados, traidores y corruptos abiertos que realizaron el desmontaje del poder popular. Pero estamos profundamente convencidos que fue un éxito meramente provisional del capitalismo mundial. Que postergó su quiebra inevitable.

Pero, es de reconocer, el capitalismo consideró que estaba libre de la competencia entre dos sistemas y empezó a recortar rápidamente las garantías sociales que el Occidente concedió a los ciudadanos bajo la presión de la Revolución de Octubre. El capital pasó a la forma más desenfrenada y abierta de arbitrariedad en todo el mundo. Sus víctimas en los últimos años fueron Yugoslavia y Afganistán, Irak y Libia. Hoy el capital mundial intenta ahogar a Siria y ejerce una presión inusitada sobre Venezuela y Corea del Norte.

El globalismo moderno es la forma superior del imperialismo. Recrudece velozmente la ofensiva del capital contra los derechos de los trabajadores. Acrecienta la agresividad del imperialismo en la palestra mundial, aumenta la amenaza de una nueva gran guerra. Se agrava la crisis económico-financiera cuya nueva fase será cada vez más dura y dolorosa. Uno de los efectos colaterales de esta crisis es el crecimiento impetuoso de los ánimos nacionalistas y separatistas en la Europa moderna.

En el mundo crece la división social y la pauperación masiva de la población. La “clase media” se reduce a altos ritmos incluso en los países capitalistas prósperos. Solamente los beneficios de los superricos continúan creciendo de una manera inusitada.

De acuerdo con el informe de la organización internacional “OXFAM”, hoy el 1% de la población del planeta tiene en su propiedad más riquezas que el 99% restante. La ofensiva del neoliberalismo provoca constantemente la agudización de la tensión y ahonda la brecha social en el mundo. El número de los multimillonarios creció 6 veces desde 2000. Al mismo tiempo, países enteros padecen del hambre. Según los datos de la ONU, durante 2016 el número de los hambrientos en el mundo aumentó en 38 millones de personas.

Estas tendencias destructivas afectan también en plena medida a Rusia. Varias organizaciones científicas más prestigiosas colocan a nuestro país en el primer puesto en cuanto a la desigualdad social. Un 10% de los habitantes de Rusia reconocen que padecen del hambre. Cada tercero no tiene recursos para comprar ropa. Y los 200 más ricos del país solamente durante el año pasado aumentaron su patrimonio en 100 mil millones de dólares y concentraron en sus manos el noventa por ciento de la riqueza nacional.

El capital oligárquico-financiero hace una apuesta franca por las fuerzas más reaccionarias. No desprecia cooperar con las organizaciones terroristas en el Cercano Oriente, ni con los neonazis abiertos que usurparon el poder en Ucrania. Todos estos son los indicios de que el sistema capitalista mundial está herido de muerte. Y en su agonía es capaz de destruir a todo el mundo. Por ello, la etapa actual de la historia universal se pone más dramática y alarmante.

El siglo pasado dos crisis sistémicas provocaron dos guerras mundiales. De la primera crisis le salvó la Gran Revolución de Octubre en 1917. De la segunda, la Gran Victoria de 1945. La crisis global moderna puede terminar como catástrofe de la autodestrucción de la civilización, o con nuevas transformaciones de gran magnitud sobre la base del socialismo. Es la opción que afronta la Humanidad en nuestros días. Y en esta lucha, como opinamos, nosotros participamos activamente.

En esta lucha nos inspira el ejemplo de los países donde están en el poder los partidarios convictos de la opción socialista. Es China, que admira a todo el mundo con sus colosales éxitos en la economía y la esfera social. Cuba, a la que el imperialismo norteamericano trata de aniquilar sin lograrlo en el transcurso de casi seis décadas. El desarrollo dinámico del Vietnam heroico. Estos países lanzan el reto a la globalización capitalista y al rechazar su dictado cosechan éxitos en la vía socialista. Es muy aleccionador también el ejemplo de la Bielorrusia hermana.

¡Estimados camaradas! ¡Amigos! Nuestra tarea común principal consiste en ampliar la resistencia a la ofensiva agresiva del capital. Actuar como frente unido apoyando a los países que son blanco de la presión imperialista. Denunciar sin desmayo la esencia del capitalismo para el cual el terrorismo, las guerras, las crisis, la naturaleza estropeada y los sufrimientos de millones personas es una condición inalienable de su existencia.

Hoy ya no existe el gran logro de la Revolución de Octubre, el Estado Soviético. Nolopudimos preservar. Fue destruido por traidores. Peroesimposibledetenerlamarchadeltiempo. Solamente el socialismo muestra una salida del callejón sin salida. Siendo herederos del Gran Octubre luchamos por el retorno del país a la vía del desarrollo justo. Al igual que los bolcheviques hace 100 años, el PCFR ofrece hoy la estrategia de salvamento, el programa constructivo “10 pasos hacia una vida digna”. Junto con nuestros correligionarios hacemos frente al fascismo, nacionalismo, los banderistas.

Estamos dotados de la verdad de la vida, armados con la lógica de la historia, la fuerza de las ideas del marxismo-leninismo. El aniversario secular de la revolución es la fiesta del futuro, no del pasado.

La luz de la Revolución de Octubre se proyecta hacia el futuro. Bajo sus rayos vivificantes aparecerán los nuevos brotes de la creación y el progreso.

¡Estamos seguros que el sol del socialismo volverá a levantarse sobre Rusia y todo el mundo! ¡Elpueblotrabajadorvencerá obligatoriamente!

Para mi es un gran honor y alegría de saludar a todos ustedes reunidos aquí para celebrar el centenario de la Revolución de Octubre. Saludar a ustedes que incluso en las condiciones más duras no se rinden y continúan la lucha por nuestra causa común, por el socialismo, la justicia, la paz y la amistad de los pueblos. Con su ejemplo muestran que la causa de Lenin, de la Revolución de Octubre no quedó en el pasado. Está viva. Nosconducefirmementehaciaelfuturo. Confiamos que gracias a nuestros esfuerzos comunes podremos hacer más radiante, alegre y digno este futuro.

¡Les felicito con motivo del aniversario de la Revolución!

¡Viva la Gran Revolución de Octubre!

¡Viva el socialismo!

¡Gloria al pueblo trabajador! ¡Gloria al pueblo vencedor!